lunes, 25 de mayo de 2015

Capítulo 1 de Tierras de Gyadomea 1. Las Tierras del Nuevo Mundo



El cofre




CAPÍTULO 1

EXTRAORDINARIAS ANTIGÜEDADES Y OTRAS MARAVILLAS


“‒En mi casa cualquier libro está a buen recaudo- respondió Elinor, con tono de reproche‒. Lo sabes de sobra. Son mis hijos, mis hijos negros de tinta, y yo los cuido con cariño. Mantengo la luz del sol lejos de sus páginas, les limpio el polvo y los protejo de la voraz carcoma de los libros y de los mugrientos dedos humanos.”


CORNELIA FUNKE, EL Mundo de Tinta I. Corazón de Tinta.


–Fragmento de uno de los libros de la biblioteca de la casa de Lucy‒.

Lucy era una niña de seis años, de expresivos ojos marrones y un cabello castaño que solía llevar suelto y le caía a la altura del cuello, peinado con la raya al lado derecho, por donde le gustaba recogerse el mechón detrás de la oreja. Era una chica con un desparpajo increíble para su edad, y además poseía una imaginación desbordante. También era buena, educada, agradable, y muy cariñosa. Pero  lo mejor de ella era que siempre estaba sonriente. Vivía en Madrid –España– junto a sus dos hermanos, Christian de ocho años, y Andrea de tan sólo dos meses; y sus padres: Javier y Cristina.

En realidad se llamaba Lucía, pero desde muy pequeña la llamaban Lucy, y todos la conocían por ese nombre. Vivía en una gran mansión del barrio rico de la ciudad, con un jardín muy amplio y confortable, donde le gustaba pasar horas dejando volar su imaginación.           

Su padre era un escritor que se había hecho rico de la noche a la mañana, después de publicar varias trilogías fantásticas que posteriormente se habían adaptado al cine, con una abrumadora taquilla y excelente crítica en todo el mundo. Su madre también estaba relacionada con el mundo de los libros, trabajaba como bibliotecaria. Debido a las profesiones de sus padres, en casa no podía faltar un lugar dedicado a ellos. Tenían una gran biblioteca particular, llena de estanterías de distintos tipos de madera. En una de las paredes había también una chimenea, y en torno a ella había distintos sofás de varios tamaños en los que la familia se sentaba a leer o a escuchar lo que alguno de ellos leía en voz alta. Sobre el suelo de parqué había una gran alfombra roja con bonitos dibujos de criaturas fantásticas que a Lucy le gustaba observar para dejarse llevar por la imaginación. En esta biblioteca particular se podían encontrar libros como Alicia en el País de Las Maravillas, de Lewis Carroll,  El Mago de Oz, de Lyman Frank Baun, o La Historia Interminable, de Michael Ende. En aquel momento, la familia se encontraba reunida en torno a la chimenea, acomodados en los sofás. Javier les estaba leyendo el segundo libro de la trilogía Memorias de Idhún, su saga favorita: Triada, de Laura Gallego García.

Un rato después…

 ‒Bueno, dejémoslo aquí, mañana tengo que levantarme muy temprano para coger el avión. Debo ser puntual en la presentación de mi último libro en EE.UU. Así que será mejor que me vaya a dormir ya ‒dijo Javier, el padre.
 ‒Vamos, tiene razón, vayámonos todos a la cama ‒añadió la madre, Cristina.

Al día siguiente, Javier presentó su último libro en EE.UU. Fue todo un éxito.
El día fue largo, ya que tuvo que asistir a varios programas de televisión y radio. De modo que decidió no volver a casa ese momento.

Aprovechó el día después para visitar China Town. Paseando por sus calles, vio una tienda de antigüedades y decidió pararse a echar un vistazo. Encima de la puerta colgaba un letrero de madera en varios idiomas, que decía:

“EXTRAORDINARIAS ANTIGÜEDADES Y OTRAS MARAVILLAS”.

Javier empujó la puerta y entró en la tienda. Aquello que vio lo dejó fascinado: antigüedades y objetos de todo tipo llenaban varias estanterías situadas sobre cada una de las paredes de la tienda. Al ver que nadie salía a recibirle, Javier paseó por el anticuario, observando cada cosa con detenimiento. Había relojes de todo tipo, grandes y pequeños, de bolsillo, muñeca o pared, antiguos y modernos. También pudo observar monedas y billetes de cualquier país del mundo, algunas de ellas bastante antiguas; jarrones y figuras de porcelana de diseños laboriosos, pertenecientes a antiguas casas reales; libros antiquísimos, de historia, medicina, geografía, geología, botánica, zoología, física, etc. Javier decidió hojear algunos de ellos, cuando de repente una voz que profirió algo en chino lo interrumpió.
 ‒Perdona. No le entiendo ‒dijo mientras se volvía hacia la persona que le había hablado. Se trataba de un anciano chino, muy viejo y arrugado, con un bigote que le caía a ambos lados, y una larga y frágil barba blanca, al igual que su bigote y sus largos cabellos. Éste se acercó mientras fumaba en pipa.
 ‒Veo que eres hispano, además de un atrevido.
 ‒Soy español, pero no soy ningún atrevido.
 ‒Ah, ¿no? Entonces no toques nada que no pienses comprar.
 ‒Descuida. No lo volveré a hacer.
Javier siguió recorriendo las largas estanterías. Tomó un juego de muñecas matrioskas –muñecas rusas de varios tamaños que encajan unas dentro de las otras‒ para regalárselas a su hija Lucy, también un reloj de bolsillo muy antiguo pero a su vez hermoso y de gran valor, para su hijo Christian, un balancín de la mejor madera, labrado y pintado con mucho mimo, para su pequeña Andrea, y un espléndido collar para su mujer. Fue allí, en la sección de joyería, donde encontró algo idóneo para él. Se detuvo como hechizado, nada más verlo, y es que Javier, además de coleccionar libros, coleccionaba joyas y piedras preciosas. Ante él había un cofre de oro. Estaba abierto, dejando ver su interior recubierto de terciopelo rojo, sobre el que había diez anillos colocados formando una luna menguante, con las puntas hacia abajo, que parecía abrazar un colgante situado en el centro del cofre. Cada uno de estos anillos llevaba una gema incrustada, pero todas ellas distintas entre sí. Estas gemas que los adornaban eran una obsidiana negra, un diamante, una esmeralda, una turquesa, un rubí, un topacio amarillo, un diamante hecho de un hielo que nunca se derretía, una piedra de magma solidificado, una amatista y, por último, una turmalina negra castaña. El colgante, en cambio, no estaba adornado con ninguna gema ni piedra preciosa. Tenía la forma de un pájaro extraño y estaba elaborado en oro blanco. Casi atraído por él, Javier tomó el cofre inmediatamente.

Cuando llegó al mostrador, le enseñó todo  lo que quería comprar a aquel anciano chino.
 ‒No sé si podrás pagar el cofre. Es de un valor incalculable.
 ‒¿Tan valioso es? ‒preguntó Javier.
 ‒El valor no sólo está en las piedras preciosas que contiene. Si recuerdas el letrero de la entrada, dice: “Extraordinarias antigüedades y otras maravillas”, bien, pues en el contenido de este cofre hay algunas de esas maravillas.
 ‒¿Qué quiere decir con lo de maravillas? ‒preguntó Javier intrigado.
 ‒Sólo puedo decir que todas las cosas que se consideran maravillas en esta tienda, tienen algo de mágico. Aunque no he descubierto lo que es en ninguna de ellas ‒apuntó el anciano.
 ‒Estoy seguro de que son estratagemas suyas para atraer a los clientes. De todas formas, dígame cuanto quiere por todo. Tengo prisa, he de coger el avión de vuelta a casa.
 ‒Mil dólares.
 ‒¿Qué? ¿Esto es un robo? ‒le sermoneó Javier.
 ‒Ya le dije que quizás no pudiera pagarlo.
 ‒Pues te has equivocado, anciano. Puedo pagarlo, ¡desde luego que puedo pagarlo!

De este modo, después de que el anciano le empaquetara todos los regalos, Javier se marchó de la tienda y llamó a un taxi.

Ya en el avión, sacó un pequeño portátil y aprovechó parte de las horas del viaje para seguir escribiendo el libro que sería la continuación del que presentó el día anterior. Tras varios párrafos decidió descansar, pues necesitaba concentrarse para escribir, y allí en el avión, con tanta gente, se distraía fácilmente. Entonces decidió sacar el libro que había escogido para aquel viaje, La Vuelta al Mundo en 80 días, de Julio Verne, y se puso a leer el siguiente capítulo.

Un rato después dejó de leer, al ver que en el avión iban a poner una película: Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Parte II. En los cines ya habían dejado de emitirla hacía un par de meses, pero la emitían aún en los vuelos de avión. Él ya la había visto una vez en el cine junto a su familia, pero le gustó volverla a ver, pues en su casa tenía los siete libros de la saga y los había leído todos. Esta película se basaba en el final del último, uno de los más oscuros y adultos de la serie. Lo recordaba de forma muy distinta a la película, pero solía suceder con los libros adaptados al cine. También había ocurrido con algunos de los suyos al ser llevados a la gran pantalla. Con todo, disfrutaba aquellas películas, ya que tenía la oportunidad de ver aquellos personajes, aquellas criaturas, y aquellos mundos fantásticos.

Cuando el avión llegó a su destino, su familia le recibió en el aeropuerto con mucho cariño. Al llegar a casa, repartió los regalos a toda la familia, y todos quedaron muy contentos con el suyo. Pero el que más gustó a todos, en especial a Lucy, fue el del propio Javier. La niña quedó fascinada con aquel pequeño cofre. Tanto, que cada día se quedaba un buen rato embobada delante de él, observando cada uno de sus anillos y el colgante.

Un día, su hermano la retó a cogerlos:
 ‒Te gustan mucho, ¿verdad?
 ‒Sí, papá tiene muchas joyas, pero ninguna igual a éstas.
 ‒Entonces, ¿por qué no las coges? Ahora no está aquí, y sólo será un momento.
 ‒Está bien, lo haré si tú también coges alguno. Si papá se entera, no pienso cargármela sola.
 ‒De acuerdo ‒masculló su hermano Christian. Lucy cogió el cofre y le dijo:
 ‒Ven, vamos con nuestra hermanita, y juguemos a princesas y príncipes.
Los dos hermanos fueron con el cofre hasta la cuna donde se encontraba su hermana de dos meses.
 ‒¿Cuál prefieres? ‒le preguntó Lucy a Christian.
 ‒El que tiene una turquesa.
 ‒Vale, yo me pondré el colgante y el anillo de diamante, y a Andrea le colocaré el anillo de obsidiana negra.
Lucy se puso el colgante en el cuello, y sacó los tres anillos elegidos del cofre, que mantuvo en su otra mano.
 ‒Nos los pondremos a la vez ‒dijo la niña mientras le entregaba a su hermano el anillo de  la turquesa y le puso a su hermana el de la obsidiana negra.


Un segundo después, ellos también se los pusieron y, tres segundos después de que cada uno se pusiese el suyo, los tres desaparecieron…

viernes, 22 de mayo de 2015

Tras nueve años...



Hola de nuevo a todos. Se preguntareis porque llevo casi un mes sin publicar ninguna entrada en el blog. Pues, porque estaba preparando un libro. La maquetación, las cubiertas, y el proceso para poder publicarlo. Primero he hecho el proceso para publicarlo en papel, y en los próximos días lo haré para publicarlo en kindle.

Tras nueve años desde que comencé a escribir a los veintisiete años... tras muchas negativas de editoriales, y dos propuestas de publicación, del primer libro de Dragonstones, una edición, y una coedición... me decidí por autopublicar mis libros en las plataformas de internet... Y hoy, nueve años después, por fin veo mi sueño de publicar hecho realidad. Puedo considerarme escritor... Aunque soy de los que pienso que no hace falta publicar, para serlo.

¿Cuál creéis que es? ¿Dragonstones 1. La Piedra Multicolor? No, Dragonstones he decidido no publicarlo en ningún lado salvo en mi blog, porque tiene muchas cosas de otros, y me podrían demandar. Así que no es el primer libro que escribí... pero sí el segundo... Tierras de Gyadomea 1. Las Tierras del Nuevo Mundo.

Por ahora solo está disponible en papel en CreateSpace eStore, pero a finales de la semana que viene estará en Amazon y Amazon Europe. También quiero publicarlo en formato Kindle, así que me pondré con ello en los próximos días.

Éstas eran las cubiertas que preparé, ya recortadas por los bordes...









Pero como era mi primera vez que publicaba, creí que a las cubiertas originales le quitaban unos cinco milímetros por cada lado. Pero no ha sido así, y le han quitado por todos lados mucho más, menos por la parte de abajo, que le han quitado muy poco. De modo, que la cubierta que han publicado, no ha quedado como esperaba...





Pero bueno, que se le va a hacer, seguro que cuando publique mi próximo libro, no cometo ese fallo.



ENLACE PARA COMPRAR EL LIBRO EN PAPEL: CreateSpace sTore





sábado, 2 de mayo de 2015

Capítulo 47 de Dragonstones 1 (Capítulo final)









DRAGONES ROJOS


   La batalla contra los draconianos hacía horas que había comenzado. Hasta los tres soles habían hecho aparición en el cielo, para no perderse el espectáculo.
Las escamas de los draconianos brillaban a la luz de éstos, mientras luchaban con los soldados de los reinos del oeste.
Las horribles criaturas estaban equipadas con armaduras y cotas de mallas, y llevaban capas. Su arma principal era la espada, pero también utilizaban lanzas, cahiporras, o puñales; e iban protegidos con un pequeño escudo redondo que llevaban en uno de los antebrazos.
Mónckhar no esperaba que estuvieran también guarnecidos. Además, su dura piel los protegía; y golpes de espada que a un hombre hubiesen herido gravemente, a ellos sólo les causaba heridas leves.

Silvan intentaba dirigir las tropas de la forma que causara el mayor daño al enemigo. Por el momento, le llevaba todo el tiempo. Así, que prácticamente no había matado draconianos hasta ahora.

Como Eléndil y Jorel habían llegado en las águilas gigantes, varios draconianos se habían elevado volando para hacerles frente. De todas formas, las águilas ayudaban, y con sus garras y picos atacaban a los enemigos con terribles consecuencias para ellos. No obstante, Eléndil y Jorel se bastaban ellos mismos para acabar con sus enemigos.




Momentos después, llegaban Kevin y Yúnik.

El joven dragón verde no tardó en demostrar que ya no era el pequeño dragoncito de hace dos años. Hizo una pasada por encima del ejército de draconianos, y lanzó un par de llamaradas. Al menos, cinco de aquellas criaturas probaron en sus carnes el fuego del dragón, y murieron al instante carbonizados.
 -¡Me alegro de verte! -le dijo Silvan a Kevin.
 -Lo mismo digo -contestó éste.
El Rey Mónckhar que andaba por allí cerca, también saludo al muchacho:
 -Veo que no me equivoqué al enviarte al cementerio de dragones. Has cambiado tu indumentaria, pero… ¿has conseguido las armas mágicas?
 -Sólo una majestad. Aunque es muy eficaz -Kevin alzó el arco para mostrárselo-. Observad un momento y lo comprobaréis.
Kevin lanzó una flecha mágica a los enemigos. Cuando impactó sobre los draconianos hubo una pequeña explosión de luz verde, y cuatro de ellos murieron rápidamente.
 -Haz hecho un buen trabajo, chico -le dijo el rey, mientras se desembarazaba de un draconiano verde.
 -Gracias majestad. Seguiré haciéndolo, acabando con estas criaturas.




Horas más tarde, se unieron a la batalla los ángeles Láslandriel e Ilene, los avens -más conocidos como hombres-pájaro-, y los ewoks.
Los ángeles como los draconianos podían volar. Lo mismo luchaban en el aire con alguno de ellos, que a pie de tierra; Láslandriel con su espadón de Cesglan e Ilene con su espada de Cesglan de dos extremos.
Los avens y los ewoks luchaban desde el cielo. Los primeros arrojaban pequeñas lanzas que cogían de un carcaj que tenían en su espalda. Además, llevaban sujetos con las garras a los ewoks. Éstos, con sus pequeños arcos lanzaban infinidad de cortas flechas envenenadas, que una vez alcanzaban a los draconianos, lograban de forma eficaz su cometido, que no era otro que el de acabar con ellos.

A pesar de todos, los draconianos luchaban bastante bien, y eran muy resistentes…
…y no sólo eso. Tenían un plan b.




De improviso, de los orificios de los tres volcanes comenzaron a salir al exterior un gran número de dragones rojos. Iniciaron su vuelo hacia arriba, y una vez en el cielo, observaron la situación y se lanzaron en picado. Como se decía, eran más grandes que los azules y por supuesto los verdes.
Ocho de ellos iban ensillados, y sobre sus sillas, montaban los líderes draconianos.
Uno de cada color; desde el verde hasta el draconiano dorado que era líder supremo de todos los draconianos.




Kevin y Yúnik, al verlos, se lanzaron hacia el draconiano verde. Por suerte para ellos, Kevin tenía el arma y la armadura del antiguo caballero de dragón verde.

Como era de esperar, el draconiano dorado se dirigió con su dragón rojo a por el Rey Mónckhar. Kevin tardó unos segundos en darse cuenta, sin embargo reaccionó rápidamente… lanzó una flecha mágica al dragón del líder supremo, pero el dragón rojo que era muy listo, la esperaba… y  con un ágil giro la esquivó. La flecha alcanzó sin embargo, al dragón dirigido por el líder azul… y ambos cayeron poco después a tierra, aplastando y acabando con las vidas de muchos de ambos bandos. Con todo, el dragón y el líder draconiano murieron igualmente.
Por suerte para el rey, el draconiano dorado no quiso acabar con él de una llamarada. Aterrizó en tierra, y todos los que protegían al rey tuvieron que huir para salvar la vida.
El líder supremo se batió en duelo con el rey. Mientras tanto, Kevin que ya había acabado con los draconianos verde y azul y sus dragones, instó a Yúnik a luchar con el dragón del líder supremo.
Por otro lado, Eléndil se ocupaba de los dragones rojos sin jinete. Pero no podía con todos, ni aún con la ayuda de las águilas gigantes, Jorel, los avens, los ewoks y los ángeles.

Silvan y sus hombres también lo estaban pasando mal.
Al llegar lo dragones, su ejército se vio reducido considerablemente, abrazado por la llamas de éstos; otros morían aplastados, cogidos por las garras de las inmensas criaturas voladoras, o acababan en los estómagos de éstas.
Los draconianos aprovecharon la desventaja numérica del enemigo, e hicieron estragos.

Aunque el rey luchaba muy bien, el draconiano era físicamente mucho más fuerte y resistente… incluso a las heridas. Además, tenía una habilidad luchando, inigualable por ningún otro de su especie. De modo, que al ver al rey cansado, decidió aprovechar esa habilidad, para con un movimiento rápido colocarse espalda con espalda al rey; y en esa misma posición, atravesarlo con su espada empuñada hacia atrás.

Una vez dieron muerte al dragón del líder supremo, Kevin y Yúnik acudieron en ayuda de su rey.
Cuando vieron lo sucedido, era demasiado tarde, el rey estaba en el suelo moribundo bañado en sangre.
Kevin volvió a tensar su arco mágico, pero esta vez con toda su fuerza para que la flecha tomara la máxima velocidad… y apuntando bien a su enemigo, la lanzó. Esta vez no podía fallar, el draconiano dorado no tenía a su dragón para salvarlo… aún así, intentó huir inútilmente, pues la velocidad de la flecha mágica era tal, que no le dio tiempo prácticamente a levantar el vuelo, y fue alcanzado por el impacto, muriendo en el acto.

Cuando Kevin volvió su vista hacia el rey, se encontraba en los brazos de Silvan.
 -Ha muerto -se limitó a decir el general.
 -Intenté evitarlo pero, llegué demasiado tarde -logró decir el joven.
 -Debemos marcharnos, o acabarán con todos nosotros.
 -Creo que tienes razón.
Luego el general puso el cuerpo inerte del rey sobre Yúnik.
 -Regresa con él a Longoria. Debe ser enterrado como se merece.
Dicho esto, Kevin y Yúnik levantaron el vuelo y se dirigieron de vuelta a Longoria.
El general Silvan tras poner sobre aviso a los avens, los ángeles, los ewoks, a Eléndil y Jorel, anunció la retirada a sus tropas, que a duras penas pudieron escapar escondidos entre las montañas.

En los días siguientes, los avens, y los ewoks se encontraban ya en sus pueblos…

…Pero los soldados del ejército fueron buscados por los draconianos entre las montañas.
Lograron dar caza a algunos, pero la mayoría consiguieron regresar a Longoria junto a Silvan. Mucho antes lo hicieron los ángeles, Eléndil y Jorel.


Más de la mitad de las tropas enviadas murieron en aquella batalla, conocida como “La Batalla de Draconia”. La primera batalla perdida por las fuerzas del bien, en la Era de Ízmer. La batalla en la que murió el Rey Mónckhar.




En la Torre de Ízmer, el malvado elfo oscuro informado de todo gracias a su esfera y a los draconianos que ahora estaban a su servicio en su fortaleza, junto con los guerreros del caos…
Estaba encantado con el resultado de la última batalla. No sólo porque había ganado. Por supuesto, era importante… Pero le daba más valor al hecho de la muerte del rey de longoria; el rey con más poder en todo Shakával. Después de ésto, seguro que el reino de Longoria sería mucho más débil, pensaba Ízmer.
Su sobrino Ellorion, había mejorado mucho como mago, había alcanzado el tercer nivel de magia -magia avanzada-. Logrando así, ser el mejor aprendiz de elfo oscuro que había en la actualidad.




      Cuando Tristan, Gúnnar y Jim tuvieron noticias del resultado de la batalla, también volvieron a Longoria para asistir al entierro del rey, y poner al corriente a la reina y al príncipe de cual era la situación en los reinos del este. La reina se mostró preocupada por el destino de estos reinos. De modo, que más adelante, Tristan, Gúnnar y Jim volverían a ellos para ayudarlos.




El barco elfo en el que viajaban los príncipes silvanos, habían llegado a Búrds hacía diez días.

Poco después, la carroza real regresaba nuevamente a Silvanya.

El rey había muerto, y según las leyes silvanas, los príncipes debían ascender al trono. De modo, que hicieron los preparativos para que días más tarde, se proclamaran reyes de Silvanya.
A diferencia que ocurrió en su boda, que acudieron invitados muy diversos… tras la muerte del rey, ésta no era una ocasión para celebraciones y fiestas.
Fue algo muy íntimo, y sólo estaban presentes los elfos del reino.

Como era habitual en Silvanya, cada vez que nuevos reyes subían al trono, se entregaban nuevas coronas, diferentes a las anteriores. La antigua corona real descansaba ahora en la tumba de Almare, sobre su cabeza.
Debido a ello, cada corona era única. A Isilion le fue entregada una corona dorada, hermosamente labrada con motivos elfos.
Y a Mialee, una preciosa corona plateada que asemejaba ramas muy finas de los árboles del bosque iluminado, con sus hojas, floreciendo entrelazadas.

Con la entrega de coronas, y los juramentos de lealtad al reino, Isilion y Mialee se convirtieron en reyes de Silvanya, y su hijo Joel, pasó a ser el nuevo príncipe silvano.




Por otra parte, Lana que se había examinado y había aprobado, ya le habían entregado la túnica gris. Estaba contenta no sólo por ello, sino porque, Silvan su amado, aunque derrotado, había vuelto de la batalla prácticamente sin heridas.

Como el rey había muerto en la batalla, decidieron posponer su boda para más adelante.




A Mónckhar lo enterraron rindiéndole los honores propios de un rey. Había muerto dándolo todo siempre por su reino. Por ello, su pérdida no sólo fue dura para la reina Thora y su hijo, el príncipe Ántrax… igualmente, todos los habitantes del reino que habían acudido al entierro, sentían profundamente su pérdida. Tardarían muchos años en volver a reinar un rey tan querido como él.
Estaban presentes todos los héroes que habían participado en las últimas tres batallas contra Ízmer, y que aún seguían con vida. Además, los reyes de cada uno de los reinos humanos sin someter aún por el enemigo, también habían acudido.

Tras la muerte del rey, la Reina Thora se convertía ahora en la única dirigente del reino. Con todo, el tema bélico sería llevado principalmente por su hijo, el príncipe Ántrax, ayudado por el general Silvan. De todos modos, al príncipe le había gustado siempre escuchar la sabia opinión de su madre; así, que ésta lo asesoraría, en cierto modo.




Pasados varios meses de la muerte del rey, se organizaron los preparativos para la boda entre Silvan y Lana. A continuación, eligieron un hermoso día para la boda… porque ésta se iniciaría a mediodía.
Como el palacio de Longoria carecía de jardines, se realizó en el interior de éste.
La familia de Lana estaba inmensa de felicidad. Allí estaban su madre, su hermana Kesha y su cuñado Peter… y su hermano Joyce, junto a su novia Crýstal, y su suegro, que había regresado con Silvan de la batalla.
Eléndil y Edna, sus dos maestros, también se alegraban mucho por ella.
A Silvan, en cambio, no le quedaba familia. Era hijo único, y sus padres hacía tiempo que habían sido asesinados por el enemigo -motivo por el cuál se apuntó al ejército-. De todas formas, habían venido todos sus amigos.

El vestido de la novia no era una de sus ilusiones. Había preferido no utilizar la magia y llevar un vestido creado por los mejores sastres del reino. A pesar de ello, era maravilloso… De color blanco roto, con bordados rosa apagado y verde claros, Lana lucía espléndida con él.
Silvan también estaba radiante con su traje confeccionado en distintos tonos de azul y celeste.


Tras la entrega de los anillos y la bendición de la Reina Thora, Silvan y Lana se besaron como dos recién enamorados, y concluyó el enlace.

Después, les esperaba un banquete digno de reyes, y una fiesta, animada con los mejores músicos del reino.

Todos estuvieron charlando, riendo y sobretodo bailando, hasta bien avanzada la noche.

A la mañana siguiente, los novios salían en el carruaje real, escoltados por dos guardias reales montados a caballo… por una de las cuatro calles principales de la ciudad, para irse de viaje de novios. La calle se llenó de todo tipo de gente que acudió a desearles mucha felicidad.


Durante su luna de miel, recorrieron cada uno de los reinos del oeste; y como la gente les deseó, fueron muy felices.




Ya tendrían tiempo más adelante, para nuevas aventuras junto a Kevin, Éric, Susan, y todos sus demás amigos, buscando el resto de las Dragonstones…







FIN